Tomar para no llorar la indiferencia mientras se baila con la muerte y la injusticia: una semana de previa para “celebrar” el orgullo

Hay quienes se preguntan el por qué de la existencia de un día para celebrar el orgullo LGBTIQ+, si “la heterosexualidad no tiene fecha de festejo” (inserte cualquier meme representativo de indignación). Una primera respuesta rápida suele remontarnos a la historia, a Stonewall allá por 1969, y a las manifestaciones mundiales que se sucedieron tras esa fecha como respuesta a los actos de violencia en contra de la comunidad ocurridos en Estados Unidos. Sin embargo, bastaría con visitar cualquier portal de noticias, nacional o internacional, en tiempo real para encontrarse con titulares teñidos de tragedia y discriminación alrededor de la diversidad genérica y sexual en distintas instituciones y esferas culturales. 

¿Te parece exagerado? Te invitamos a hacer un recorrido por la semana previa al Día del Orgullo a través de noticias de distintos medios de comunicación que tuvieron a la comunidad lgbtiq+ como protagonista.

Domingo: ¿Neutrales u homofóbicos? La Eurocopa, el brazalete multicolor de Neuen y la homosexualidad en el fútbol (o en el ámbito deportivo en general).

El pasado 19 de junio, Alemania y Portugal se enfrentaron en el marco de la competición futbolística masculina de Europa. Manuel Neuer, arquero de la selección alemana, eligió los colores de la bandera lgbtiq+ para su cinta de capitán, noticia que ocupó las primeras planas del domingo de gran parte de diarios y revistas vinculadas al deporte. Horas después del partido, se supo que la UEFA (Union of European Football Associations) quería sancionar al jugador por exhibir un símbolo político dentro del campo de juego, algo prohibido por el reglamento en pos de la neutralidad, y que la misma entidad había decretado la negativa ante la propuesta de iluminar el estadio Allianz Arena para el enfrentamiento entre Alemania y Hungría en reclamo a la ley de prohibición de contenidos lgbtiq+ en las escuelas húngaras. Si bien la investigación se dio por concluida, sin penalizaciones para el alemán, destapó la olla de históricas represiones sexuales en el terreno del fútbol, y de la gran mayoría de los deportes, en relación a la construcción de masculinidades hegemónicas y divisiones siempre binaristas, no solo en Europa, claramente, sino a nivel mundial. Basta mencionar otra noticia que se conoció esta semana, pero esta vez con el foco puesto sobre los inminentes Juegos Olímpicos y la participación de Laurel Hubbard, halterófila neolandeza, quien será la primera persona transgénero en la historia de esta competición internacional, tras largos debates alrededor las diferencias físicas y la desigualdad de condiciones competitivas, que son apenas la punta del iceberg de las reacciones transfóbicas deportivas de antaño, que parecen nunca culminar.

Lunes: Mismo día, al otro lado del charco, y sin lugar en las primeras planas. ¿Por qué nadie habla del travesticio de Soraya?

También el sábado 19 de junio, pero a la madrugada, lejos de las cámaras y del pasto verde convocante de afición y medios masivos de comunicación, La Plata era escenario de un nuevo crimen de odio contra el colectivo travesti trans. Wanda Soraya -mujer trans, migrante y trabajadora sexual- era asesinada -más precisamente, baleada a quemarropa- por un hombre en la Zona Roja. Un hecho que viene, una vez más, a cuestionar las condiciones laborales inhumanas a las que suele tener que enfrentarse el colectivo, ante la falta de políticas públicas que les garanticen un empleo digno, y la violencia institucional a la que continuamente se ven expuestxs, citando como ejemplo que lxs compañerxs que trasladaron a Soraya al hospital fueron detenidxs por la policía sin ningún tipo de justificativo. Hostigamiento, desapariciones y asesinatos como monedas corrientes de la realidad de las feminidades dentro de un sistema machista y patriarcal que menosprecia los travesticidios al punto tal de relegarlos de los medios masivos de comunicación, como si ni siquiera existieran; y una noticia a la que se llega casi tres días después del hecho en cuestión, realizando búsquedas específicas y guiadas, porque parece que no forma parte de ninguna agenda hegemónica informativa hablar sobre esto.

Martes/Miércoles: ¿Cuánto tiempo más la Iglesia y el Estado sin ser asuntos separados?

De un lado, España. Debate de una ley que, actualmente, determina que los catorce es la edad mínima para realizar un cambio de identidad, según sugerencia de la Iglesia. Entidades sociales impulsando que se permita el cambio de género a menores de doce años y un gobierno que se muestra dispuesto a aprobar la autodeterminación de género sin condiciones, revisando el texto del ejecutivo de forma colaborativa con los distintos organismos sociales en pos de contribuir a un proceso personal y judicial de las infancias trans que sea menos desgastante para las personas que decidan llevarlo a cabo. Cambios que se proyecta que alcancen, incluso, la reproducción asistida de personas con capacidad de gestar que quieran maternar. Un diálogo entre distintos sectores para impulsar acciones que aseguren el cumplimiento de derechos, más cercano a la sociedad y menos atado al dogma religioso. Se festeja, aunque no por mucho tiempo. Del otro lado, Italia. Para ser más específicxs, el Vaticano y su oposición a la propuesta de ley que expande las protecciones antidiscriminación a la comunidad lgbtiq+ por “violar el acuerdo diplomático entre la Santa Sede y el Estado” ante, por ejemplo, la propuesta de que todas las escuelas organicen actividades de conscientización para combatir progresivamente la homofobia y la transfobia. Una reacción que no sorprende, sobre todo tras obstaculizaciones similares por parte de la institución católica -como en la legalización del aborto, el divorcio o el matrimonio entre personas del mismo género- con eufemismos morales sin ningún tipo de sustento lógico. Dura poco el festejo de la apertura mental y de consideración de las infancias trans.

Jueves: Nos faltás vos para festejar, Tehuel.

Con 55 votos afirmativos, 1 negativo y 6 abstenciones la Cámara de Senadores de nuestro país aprobó la Ley de Promoción del Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero, conocida por la mayoría como cupo laboral travesti-trans y denominada “Diana Sacayán-Lohana Berkins” en honor a dos de las figuras más reconocidas e importantes en la lucha contra la exclusión y la condena social e institucional de las identidades transgénero. Una ley que establece la obligación por parte de los organismos estatales de asignar no menos del 1% de sus puestos de trabajo a personas trans, y que responde a la desigualdad laboral a la que históricamente se enfrenta el colectivo trans, que suele tener que inclinarse por la prostitución para sobrevivir, o bien por ofertas de trabajos informales o poco seguras, como fue el caso de Tehuel, a más de cien días de su desaparición. Un momento histórico que muchxs no han podido vivenciar tras la profunda desigualdad estructural, profundizada durante la cuarentena, que todos los días se lleva a más compañerxs de lucha.

Viernes: ¡Alto ahí con las banderas!

Como ya adelantamos en el caso de Europa, los festejos de la comunidad nunca llegan a ser sumamente duraderos, ni totalmente descontracturados. Desde Stonewall hasta la actualidad, todas las manifestaciones organizadas alrededor de temáticas lgbtiq+ no solo suelen ser controladas de cerca, sino que también resultan el blanco fácil de la represión policial en cualquier rincón del mundo. Y lo mismo ocurre en la cotidianeidad donde, a pocos días de inundar las calles con arcoiris, se multó a una pareja en Florida por exhibir una bandera de la comunidad en su casa, argumentando que atentaba contra las normas de convivencia y seguridad. Una medida que vuelve a situar la libertad de expresión de género y sexualidad puertas adentro, en el ámbito privado, lejos de los espacios públicos y dejando en jaque la homolesbotransfobia de los sectores más conservadores de la sociedad. 

Sábado: Nuestro continente más allá de la Copa América.

Ecuador y Guatemala se enfrentaron por última vez en el marco de una competición oficial de fútbol en el 2016. Desde ese año y hasta el presente se estima que los crímenes de odio hacia personas gays y trans se ha quintuplicado en ambos países. Carla Guaraca Dominguez, mujer trans, se encontraba trabajando en un kiosko en Brisas del Río (Ecuador) cuando fue sorprendida por un grupo de hombres que la balearon y se dieron a la fuga. Su asesinato es el sexto dentro de la población lgbtiq+ ecuatoriana en lo que va del año. Ese mismo día, otro titular nos habla de asesinatos a personas de la comunidad, pero en Guatemala: trece en lo que va del año, de los cuales tres fueron en la misma semana, y entre los que se encuentra el de Andrea Gonzáles, reconocida activista y dirigente de organismos de lucha por la diversidad sexual. ¿Los asesinos? Paseando con total impunidad por las calles a la espera del próximo partido.

Domingo: La naranja mecánica de la heterosexualidad. ¿Hasta cuándo existirán este tipo de prácticas?

Último día de esta mini investigación periodística. Pienso que ya nada me puede sorprender, aunque no dejar de doler. Me equivoco. Canadá y las terapias de conversión tenían guardado un as bajo la manga. El hipervínculo sobre las palabras “terapias de conversión” se abre y me confirma que no estoy delirando con la lectura: “tratamientos psicológicos, psiquiátricos y hasta espirituales que tienen como objetivo modificar la orientación sexual, identidad o expresión de género de aquellas personas por fuera de la heterosexualidad binaria cisgénero mediante sesiones que prometen curar utilizando métodos tortuosos e invasivos”. ¿Entienden que, en pleno siglo XXI, es noticia que un país quiera penalizar este tipo de prácticas? Y, peor aún, que se sigue discutiendo su existencia y eficacia. Finalmente, la misma página de noticias me recomienda leer un artículo titulado “Loki es el primer personaje abiertamente bisexual del MCU” y pienso que ni Marvel, y mucho menos el arte en general, se salva de este presente tan ideológicamente retrógrado.

Ya lo decía Bourdieu: ciertos aspectos simbólicos, culturales, son utilizados para legitimar y justificar distintos tipos de violencia estructural. En ese sentido, instituciones tales como el Estado, los Medios, la Iglesia, las Escuelas, el Arte, el Deporte, etc. son fundamentales para bajar línea a la sociedad, siguiendo ideologías hegemónicas provenientes de los sectores de poder. Pero también para cuestionarlos y hacerles frente. Es por eso que no podemos mantenernos indiferentes ante ciertos hechos, como los expuestos en cada una de las noticias precedentes.

Cuando hablamos de violencia hacia la comunidad lgbtiq+, lo hacemos en términos sumamente amplios. No se trata solo de los actos discriminatorios que sufre el colectivo gay-travesti-trans, llevados la mayoría al punto tal de concluir con lesiones físicas y psicológicas, o incluso la muerte; sino también a un sinfín de situaciones que perpetúan la violación de derechos tales como la identidad de género y la libertad sexual. Podemos mencionar, por ejemplo, la criminalización de las relaciones sexoafectivas entre personas del mismo sexo en más de sesenta países, entre los cuales un cuarto utilizan la pena de muerte para ello; los crímenes de odio, acentuados durante la pandemia -aunque los medios hegemónicos no te lo cuenten-, por expresión de género y orientación sexual; el silenciamiento obligado de niñeces que no encuentran acompañamiento, ni en sus casas ni en las instituciones que frecuentan, y solo se llenan de culpa ante discursos apostólicos y morales que les limitan el ser quienes quieren ser; la expectativa de vida cada vez menor de las personas trans ante las dificultades en el acceso a un trabajo digno, una vivienda, una educación y un sistema de salud, que no solo no lxs tiene en cuenta, sino que siempre se encarga de buscar la forma de excluirlxs sistemáticamente.

Ante este panorama bastante desalentador, ¿a vos te parece que no vamos a salir a gritar? Llenar las calles de colores, música y glitter es, hace cincuenta y dos años, más que un festejo, una reivindicación, nuestra estrategia de lucha para conseguir visibilidad, respondiendo con activismo a la homofobia y al transodio en este camino colectivo de conquista de derechos, plagado de bronca y de dolor, pero que sigue exigiendo justicia e igualdad ante la indiferencia. Más aún en este 2021 y a nivel nacional, en pleno contexto de una ley que se festeja -aunque sigue sin ser suficiente para equilibrar la balanza-, con la reciente absolución de Marian Gómez tras dos años de su condena, en medio de las polémicas surgidas tras la campaña solidaria de infancias trans de Santi Maratea en los últimos días, y con una catarata de noticias policiales que continúan convirtiendo en número a millones de compañerxs; todo eso mientras seguimos preguntándonos ¿DÓNDE ESTÁ TEHUEL?

Será feliz día cuando dejen de hostigarnos, desaparecernos y asesinarnos. 

Autor

Vanina Gerez

Estudiante del Profesorado en Letras. Escritora.

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