Set Point, la vida no es siempre un juego

Se extrañan los bares, los clubes, las reuniones con amigos, las noches en el teatro. Como aquella noche de sábado en el Teatro Cabildo que nos invitó a presenciar Set Point, una obra que de la mano de todo su elenco deja a los espectadores con una enseñanza y reflexión para llevarse a casa.

No existen dudas de que el bar de un club es el lugar donde acontecen las historias más variadas y dignas de contar. Pero la historia en el Bar de Miguel es la que más recomiendo escuchar.

La obra producida por Martín Vives narra la historia de cuatro jugadores de tenis que se juntan a desayunar en el bar del club. A medida que la misma comienza a tomar sentido, podemos ir conociendo a cada uno de los personajes con sus diferentes personalidades y formas de pensar. Pero como bien dice una antigua frase, “en los peores momentos es cuando mejor se conoce a las personas”. Tal es así, que esto sucede cuando los cuatro personajes se quedan encerrados en el bar por miedo a cruzarse con la manifestación piquetera que había afuera.

Inclusive el público se puede sentir familiarizado con la escena, poniéndose en el lugar del miedo al caos y a lo desconocido que todos podemos tener. Pero el cuadro cambia cuando Churi (Carolina Sánchez) entra en escena, la joven actriz que representa a una cartonera proveniente de Villa Retiro que venía al bar en busca de alimento para sus hermanos. Al verla entrar, las lenguas de los personajes se dejan llevar poniendo en evidencia su cruel postura ante la pobreza y la desigualdad social, remarcando sin prudencia la alta sociedad a la que ellos pertenecen.

Con una basta escenografía, el elenco deja al público maravillado y emocionado con la historia de la niña cartonera, permitiendo a los presentes en la sala poder identificarse con la misma y rever cuando actuamos como los jugadores de tenis y cuándo como Miguel, el mesero del bar, que decide ayudar a Churi siempre que pueda. 

También hay que resaltar el adecuado vestuario que utiliza cada uno de los actores pues facilita desde un primer momento a entender la obra y conocer la puesta de cada uno de los protagonistas.

El Teatro Cabildo se presenta como un espacio reducido y familiar donde podemos ir a ver obras amateur, que al ser interpretadas por estudiantes del teatro dejan a la vista de todos nosotros el amor al arte que ellos llevan dentro y el tipo de valores que buscan inculcar en su público.

Por último, no queremos dejar de resaltar que además de la calidad escénica de cada uno de los personajes, se vive un momento musical representado por Churi que deja a todos los presentes con una lágrima asomando en los ojos y un aplauso que se escucha hasta el pasillo de la sala. 

¿Puede esta obra llevar a cada uno de los espectadores a revisar sus valores del día a día?

Un drama super recomendado para cuando el escenario se vuelva a iluminar después de la pandemia.

Autor

Delfina Agüeira

Estudiante de Licenciatura en Comunicación Social.

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