Las figuras míticas se construyen a través de la persistencia del relato oral y perduran en la experiencia de quienes fueron sus contemporáneos.  El documental Los Rayos (Nicolás Tacconi, 2021) es un recorrido por los espacios bonaerenses en busca de lo que el cuerpo pide: la reconstrucción del rock nacional en Hurlingham, narrando su historia en los años setenta y la influencia de Luca Prodan dentro del género musical.

Son escasos los acercamientos sobre el cómo de la creación de las melodías, la convergencia de bandas de rock emergentes en aquel momento y las vicisitudes para ganar espacios y darse a conocer. Nicolás Tacconi, a través de una Hurlingham actual -de la que soy parte y por lo que quizás se vuelve especial el documental para mí-, extiende el micrófono a la variedad de voces testigo de aquellos años setenta, donde la cultura del rock se cimentaba en el oeste. 

Con el programa de radio “El cuerpo pide” como hilo conductor de las historias, nos convertimos en oyentes -entre vinilos, casetes y paredes acústicas- de las narraciones de una marcada generación influenciada por el rock. Relatos que van desde la importancia de los primeros espacios de anclaje, como los sótanos o garajes, para la formación de bandas musicales, hasta la idea del rock como una experimentación debido a la escasez de herramientas e instrumentos. Y la llegada de Luca Prodan o la importancia de la aparición de Sumo como un nuevo paradigma, que terminan de construir el argumento del documental. 

En lo personal, no tengo recuerdo exacto del momento en el cual el nombre de Luca (Luquita) Prodan apareció en mi vida, aunque sí la certeza de que las palabras de buenos amigos tuvieron mucho que ver. Surgió y ahí persiste, con cara y significado para mí, pero aún más dentro de la música en general. Si bien no soy un férreo consumidor del rock nacional, ni un conocedor de sus figuras al pie de la letra, no dudo en que la trascendencia del ritmo a punta de púa sobre las cuerdas y los testimonios en boca de figuras pertenecientes al género regalan magia en múltiples sentidos.

Voces como la de German Daffunchio, Diego Arnedo y Ricardo Mollo (pertenecientes a Sumo) o Tito “Fargo” D’Aviero, ponen en palabras la experiencia de hacer del rock nacional en Hurlingham, “un rock que se resolvió a sí mismo como pudo”. Como se menciona al comienzo de Los Rayos, “las canciones están en la calle, hay que salir a buscarlas”. Y es ahí, en un mismo lugar, donde a pesar del paso del tiempo subsisten las historias que anida cada espacio hurlinghense, vivaces en la transmisión de anécdotas del boca en boca de quienes fueron parte de una época donde la cultura rockera hacía historia. Aquellos que no dejan morir su magia, ni la de los mayores influyentes, y que comparten el significado del rock en -y para- Hurlingham nos acercan a su historia en primera persona para conservarla viva y nunca dejarla morir.

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