LA NARANJA MECÁNICA, UN CLÁSICO LLEVADO AL TEATRO

  • Teatro

El 25 de julio de 1985 en Buenos Aires, hace 34 años, se estrenaba una de las películas más importantes y recordadas de los últimos tiempos. A Clockwork Orange, más conocida en nuestras tierras como La Naranja Mecánica, llegaba por primera vez a los cines nacionales, basada en la novela homónima de Anthony Burgess.

El filme narraba la historia de un carismático muchacho llamado Alex cuyos placeres más grandes se basaban en escuchar música clásica, tener relaciones sexuales con quién deseaba, quisiera o no, y actuar con mucha violencia junto a su banda de drugos, término usado para referirse a su grupo de amigos.

 

Portada de la película estrenada en 1985

Pero no fue hasta finales del 2018 que el director Manuel Gil recibió un llamado del productor Javier Faroni que le propuso llevar este clásico, que ha sido reinventado cientos de veces, a un ámbito distinto, más ligado al mundo musical y con la premisa de pensarlo solamente para ocho actores.

La obra es encabezada por el joven actor, pero de larga trayectoria, Franco Masini, que tiene la difícil tarea de interpretar a este problemático adolescente que se dedica a pasar la mayoría de sus noches por las frías calles de Gran Bretaña junto a su grupo de pares, compuesto por Tomás Kirzner, encargado de llevar la cuota de humor en los distintos personajes que interpreta; Tomás Wicz, unas re las revelaciones en el ámbito teatral de los últimos años, y un Francisco González Gil deslumbrante.

 

Fotografía gentileza de Marcia Vassallo – ig: marciavassallo

La vida, pese al sufrimiento constante de su madre al ver el camino que ha elegido su hijo, parece bastante fácil y rutinaria para Alex. Sin embargo, una noche decide junto a sus drugos entrar a la casa de una señora de buen pasar económico. En un abrir y cerrar de ojos su vida cambia, sus hábitos diarios desaparecen cuando mata a la mujer por accidente y sus amigos lo abandonan, dejándolo solo y herido en la escena del crimen hasta que es atrapado por la policía que ya venía tras sus pasos desde algún tiempo. Un vagabundo golpeado en las calles, un robo a una pareja y una violación que te dejará helado, son algunas de las causas en las que era sospechado, aunque sin pruebas de los investigadores.

La intervención de la política, la religión y el intento de buscar soluciones sin importar el precio que estamos dispuestos a pagar, serán uno de los ejes principales de la trama cuando un científico utilice un experimento nunca antes hecho, conocido como el método Ludovico: una técnica novedosa que prometía terminar con la maldad de los humanos bajo procedimientos de tortura sin precedentes.

Fotografía gentileza de Marcia Vassallo – ig: marciavasallo

 

A pesar de que la obra está ambientada en una época muy lejana a la nuestra, ¿qué tan distantes estamos realmente de sacrificar nuestra libertad en pos de una seguridad que no genera más que inseguridad? ¿Qué tan cerca estamos de buscar respuestas rápidas ante los problemas que tenemos en la cotidianidad, en vez de pensar soluciones que no afecten nuestra esencia y que, seguramente, lleven mucho más tiempo?

La Naranja Mecánica propone, con un elenco muy dinámico, una buena puesta de escena que se modifica rápidamente durante toda la obra, en combinación con una música que nos ambienta en cada fragmento de la historia, y una inclusión en varios pasajes del público, haciéndolo parte de la narración para reflexionar sobre qué tan dispuestos estamos a modificar los aspectos que tenemos todos los humanos por naturaleza en pos de un objetivo. La obra invita al café o la birra, en el Método Kairos, todos los viernes, sábados y domingos.

Autor

Matías Sánchez

Periodista. Co-fundador de Simbiosis Cultural.

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