La cultura de la censura

El gordoodio o la gordofobia no son palabras inventadas. Existen. Se palpan. Se escuchan: “y si no fuera tan gordita”, “si no se le viera la panza”, “si el jean no le ajustara tanto”, “no es lo mismo una foto suya que la de otra”. Y la lista puede seguir.

Soy tajante en estos temas porque atrasan, retroceden y lastiman. Ahora, inclusive, las redes sociales, que ya de por sí tiene gran poder, deciden censurar. Y lo hacen por una cuestión meramente estética, nada más. Porque un cuerpo gordo no responde a los cánones que ellos desean y esperan, que son, básicamente, los de una persona que hace dieta todo el tiempo, se castiga en el gimnasio, y lo comparte.

Se asocia la gordura con algo feo, soso, no atractivo a la vista. Cuántas veces les dieron miradas de lástima en un probador porque la ropa les quedaba muy chica. Cuántas veces les dio vergüenza ponerse la malla para meterse a una pileta. Y enumeren o contrapongan a cuántas de sus amigas flacas les prohibieron entrar a un boliche. Constantemente nuestros cuerpos entran en competencia y pujan, pujan y pujan todo el tiempo para ver cuál tiene más seguidores, cuál es más bonito, cuál vende más.

Quizás no nos damos cuenta porque desde que nacemos la sociedad nos implanta ese chip, ese miedo infundado que realmente no tiene sentido. El miedo es, nada más y nada menos, que no ser aceptado socialmente. Ni aceptada. Sobre todo aceptada.

A las mujeres nos crían como rebaños que deben ir y venir dentro de un prototipo específico. Y si alguien abandona ese rebaño, se le censura. Y la censura es motivo de angustia porque ya nos silenciaron bastante. No podemos ser libres si no lo son todas. Y, para eso, es necesario hacernos eco de los dolores y protestas de nuestras compañeras.

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En este caso, se censuró a una poeta por el simple hecho de militar un activismo, de mostrarse real y no tener vergüenza de la sociedad que la señala.

Yo misma leí comentarios donde le sugerían mantenerse en el anonimato. Y me pregunto: ¿por qué? ¿Los poetas no militan? ¿No siguen causas? ¿No tienen rostros y cuerpos? ¿No deciden sobre lo que escriben y sobre su derecho a ejercerse? ¿Ser poetas significa que debemos relegarnos al silencio? ¿Significa que mi compañera no puede subir una foto de su cuerpo porque entonces pierde seguidores? ¿Qué seguimos: personas, ideas, creencias o lo que nos gusta leer sin involucrarnos?

A Marianela Saavedra, poeta, instagram la silenció porque se animó a mostrarse real, humana, cuerpo deseante. Pero ella continúa peleando, porque al silencio hay que combatirlo.

Marianela milita el activismo y lucha contra la gordofobia mediante la palabra. Y si a Instagram no le gusta que nos mostremos deseantes, humanas y guerreras, que se prepare. Se viene mucho ruido.

Para conocer más y contribuir con la causa de Marianela, pueden buscar y seguir su cuenta de Instagram.

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