Game of Thrones: El dolor de ver un mundo feliz

Nace esa sensación en el pecho de reencontrarte con un conocido después de años sin juntarse, y toparse con alguien totalmente distinto. De repente, no están más esas pequeñas actitudes que lo caracterizaban, como los giros inesperados -y coherentes- de una temporada a otra, o la frivolidad de remover antes del comienzo de la segunda temporada a uno de los personajes más importantes de la saga. Dejan de existir los monólogos cautivadores y esa villana que rondaba, era despiadada, mas con las mejores estrategias para salir adelante, cueste lo que cueste.

La octava temporada de una de las series más pirateadas del mundo y de la historia dejó nada más que sensación de impotencia frente a sus seguidores, luego de encontrarse con el trabajo hecho con crayones de D&D.

Frente a tópicos mal desarrollados y personajes con poca construcción de características, a continuación, un punteo de las fallas producidas por D&D en el final de Game of Thrones.

Feminismo Medio Pelo

A pesar de que el comienzo de la temporada prometiera una reivindicación hacia la figura femenina en la serie -además de la que ya sostenía desde un principio-, a medida que avanzaban los capítulos la idea cayó en picada de un precipicio.

Empecemos desde detalles básicos, como el laxo de sororidad entre Sansa y Daenerys, frente a un recelo que nace de la sed de poder entre ambas. Tampoco está de más dejar de lado los últimos minutos de la aparición de Brienne, una mujer independiente, capaz, inteligente, fuerte, la primera mujer en ser caballero en la historia de Westeros y Guardia del Rey, su cierre consta de ponerse la armadura de Jaime, limpiar la imagen del tipo que le rompió el corazón en el Libro Blanco, y no, claro, empezar su propia hoja con su historia. ¿En serio, D&D?

¿Hace falta, también mencionar, el hecho de que dos hombres decidan que hay que matar a la mujer que en su momento le juraron lealtad y hasta afirmaron amar? Y como si fuera poco, de repente, esa mujer que vimos crecer desde abajo, sola,  empoderándose frente a hombres que hicieron nada más ni nada menos que lo que quisieran con ella, proclamando justicia para esclavos, mujeres, niños y niñas, se convierte en una tirana sedienta de ambición, quien lleva a cabo un escalofriante discurso de triunfo con una fuerte similitud a una propaganda nazi que nos es imposible dejar de lado la comparación.

Personajes con crisis de identidad

Es tan agarrado de los pelos la forma en la que deciden manejar a los personajes para que encaje todo en el capítulo final que me recuerda a mí misma, en la secundaria, cuando nos acordábamos un domingo con el grupo de trabajo que al día siguiente exponíamos en la clase de Geografía y teníamos que improvisar con lo que encontrásemos en el momento.

Es erróneo afirmar que el giro de Daenerys, Rompedora de Cadenas hacia La Reina Loca fue totalmente brusco dadas las pistas y tragedias que vivió la actriz -la pérdida de Jorah, Missandei, Rhaegal, el hecho de saber que Jon es el verdadero y legítimo heredero del trono-. Algo de sentido tenía la ira que la consumió y llevó a incendiar todo Kings Landing, pasando así factura de docenas de personas inocentes muertas. Aún así, no fue totalmente brusco… pero desarrollado de manera pésima. El giro acelerado frente al cambio de decisiones de Dany hizo que el anteúltimo capítulo de la temporada sea uno de los peores criticados de la saga completa.

Ahora bien, otro de los personajes cuya exposición fue…extraña, es sin dudas el manejo de Rhaegal y  Drogon en esta octava parte. No sólo porque D&D se olvidaron de que Cersei siempre tiene planes A,B,C, D y E, en caso de que sea necesario, por ende, que su única estrategia de ataque en el capítulo seis sea lanzar UNA sola lanza de la ballesta a sus dragones deja muy mal parados a sus escritores, sino que también la docilidad de los hijos de Dany es más bien blanda e insegura. En un capítulo, Rhaegal cae con facilidad ante los ataques de Euron, pero en el capítulo siguiente, Drogon cuenta con una velocidad para pensar frente a sus enemigos y logra así quemar a todo lo que se interponga en su camino. No obstante, la frutilla del postre de esta tibieza por parte de D&D recae en la metáfora que expresa Drogon frente a la muerte de su madre, quemando el trono de hierro como símbolo de derretir y darle un fin a lo que dio pie a tantas masacres, ambiciones y codicias. La metáfora es legible y acertada, y a la vez es innecesaria.

Tenemos por otro lado a la nueva Arya Colón, uno de los personajes más queridos de la saga cuyo objetivo fue reencontrarse con su familia y juró venganza en su lista a quienes destruyeron una parte de ella misma, de manera directa o indirecta. Sin embargo, con el menor tiempo de recapacitación se da cuenta de que lo que en realidad quiere es separarse, una vez más, de su familia para ir a conocer lo que los mapas no llegaron a archivar. El uso de las caras fue obsoleto en esta temporada, dado que ni siquiera se usó, y su sed de venganza se desvaneció con el menor de los esfuerzos gracias a una conversación con Sandor Clegane. ¿Para qué apareció ese caballo, además?

Un Rey elegido gracias al aburrimiento del pensar

Como si fuera poco, Bran Stark es finalmente el rey de los Seis Reinos -dado que Winterfell decide proclamarse como un terreno independiente- y así nace una nueva etapa para este mundo. Es interesante cómo de repente Tyrion convence con tanta facilidad a quienes aborrecían escucharlo por varias razones, entre ellas, falta de desconfianza, pero de repente se dan cuenta de que tal vez el enano Lannister tenía un poco de razón. Y ahí, entonces, podemos preguntarnos ¿tenía razón? Esto queda a libre interpretación pero, Bran Stark, un personaje que pudo haber aportado mucho más de lo que dio en toda la serie, que proclamó “no querer nada”, en cuestión de minutos, es el rey sucesor. Llega hasta a ser irónico, inclusive, que cuente con una Mano del Rey, siendo que tiene la posibilidad de ver el pasado, presente y futuro, sabiendo absolutamente todo. Y si faltara algún condimento para que esta elección sea bizarra y confusa, es que elijan a Bran para que continúe la profecía de Daenerys en cuanto a «romper la rueda», mientras este nuevo Rey puede solamente movilizarse arriba de dos de ellas.

Sin dudas el final de la tan esperada saga medieval dejó descontentos en los fans, desilusión por la espera de casi una década por el adiós de algo que empezó siendo tan intenso y carnal, al cierre -abierto- desapasionado, ajeno y lamentablemente, feliz. La belleza de algunos actos recayeron en el fastidio de sus televidentes, así como los cuerpos de los Lannister incestuosos entre los ladrillos, o bien la metáfora del hielo rompiendo con el fuego frente al asesinato de Dany. Un final donde “los buenos” son los que tienen finalmente la posibilidad de reinar en un mundo diferente, y no parecerían existir los villanos. Como diría Ramsay Bolton, si esperabas un final feliz, aparentemente no estuviste prestando atención. Tal vez, D&D no estuvieron prestando atención.

Autor

Florencia Cazachkoff

Periodista y estilista de moda

1 comentario en «Game of Thrones: El dolor de ver un mundo feliz»

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