Freestyle y neurociencia: una verdadera batalla de mentes

En 3, 2, 1…. ¡TIEMPO! Esa es la señal, el aviso para que el cerebro empiece a trabajar con rapidez. Las palabras fluyen y todo sucede en unos pocos segundos. En cuestión de instantes, los competidores escupen una serie de rimas buscando desarmar a sus rivales. En la batalla cada momento cuenta y cada palabra debe hallar su lugar para conseguir un buen punchline, ese remate final, el golpe de gracia que haga al público enloquecer y gritar.

El intercambio es dinámico y agresivo, la temperatura aumenta y los espectadores festejan cada rima bien lograda. De eso se trata: lenguas afiladas, cataratas de ideas que se forman en un segundo, el poder de las palabras y la emoción que generan, una batalla feroz entre dos gallos donde la improvisación lo es todo. Eso es el freestyle.

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Pero, ¿cómo es posible construir rimas consistentes tan rápidamente? Sin lugar a dudas la habilidad de improvisación y la creatividad de la mente humana son campos fascinantes a explorar. Con respecto a ello, en diálogo con Simbiosis, uno de los más reconocidos neurólogos del país, el Doctor Carlos Márquez Vigo -que cuenta con posgrados en prestigiosas Universidades de Canadá y Estados Unidos (como, por ejemplo, Harvard)- citó una conferencia del Profesor F. J. Rubia llevada a cabo en abril de 2009 en la Real Academia Nacional de Medicina. Refirió a la música y contó que ella tiene un “efecto conmovedor” en la psique humana, siendo capaz de alterar nuestras emociones. El sonido es captado por nosotros, estimulando células de la parte interna del oído, que se ocupan de traducir la energía mecánica en energía eléctrica, es decir, potenciales de acción, el único lenguaje que el cerebro entiende.

Entonces, a partir de lo que la música genera sobre el sistema auditivo y el cerebro, es posible entender el papel central que ocupan los beats o bases de hip hop a la hora de freestylear. El sonido de este género musical tiene muchas características particulares; una de ellas es el break, compases de enganche en los cuales el percusionista cambia el ritmo con un redoble o un solo, y suele mezclarse con música de estilo soul y funk. El resultado es un conjunto de golpes estimulantes para el cerebro, o como explica Vigo:

la melodía no es simplemente una secuencia de tonos, sino que estos varían en ella de frecuencia y acento, provocando en el cerebro sensaciones únicas”.

Son justamente estas sensaciones las que sacan lo más agresivo y pasional que una batalla de freestyle debe tener.

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Un dato curioso que compartió Vigo es que la melodía y localización de los tonos musicales se encuentran preferentemente en el hemisferio derecho del cerebro. Sin embargo, los músicos profesionales utilizan más el hemisferio izquierdo en la percepción de las melodías y se ha comprobado que, con el entrenamiento musical, la dominancia cerebral a la hora de percibir se desplaza de uno a otro hemisferio. Asimismo, el izquierdo es más apropiado para el ritmo. Esto indica que la percepción de la armonía y la percepción del ritmo utilizan áreas distintas del cerebro.

Apuntando nuevamente a las palabras de Rubia en aquella conferencia de 2009, Vigo dijo que una característica típica en músicos profesionales es que utilizan menos regiones cerebrales que las personas promedio cuando ejecutan movimientos con las manos. Este dato parece ser afirmativo también para los freestylers. Cuando los gallos rapean, suelen gesticular en gran medida con sus manos y brazos, en especial cuando usan el recurso del doble tempo: un rap rápido y constante, pero con coherencia, que casi ni se piensa, pero fluye.

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Siguiendo con esta idea, Rubia piensa que el cerebro emocional es mucho más importante para la propia supervivencia y para esas funciones inconscientes de la creatividad. Así, Vigo refirió a la conclusión de la conferencia de Rubia:

Ahora sabemos lo que deberíamos haber intuido hace tiempo simplemente observando la evolución del cerebro: que las emociones son la base incluso de nuestro pensamiento racional”.

El especialista en neurología sobre la creatividad cerebral, Doctor Mark Jung-Beeman, explicó a su vez que al improvisar de forma creativa se activan mecanismos inconscientes del cerebro que trabajan en el problema que la conciencia no pudo resolver. Gracias a las pruebas en laboratorios, quedó demostrado que, en el momento de la solución, se produce una activación gamma (ondas cerebrales de alta frecuencia asociadas a una gran actividad cerebral) acompañadas del aumento del flujo sanguíneo en una región del lóbulo temporal derecho que toma parte en la asociación de ideas remotas, como en el caso de las metáforas o los chistes, y que no se da en el caso de las soluciones analíticas.

YPF estuvo presente en la final de la Freestyle Master Series Argentina
Stuart en la final de la Freestyle Master Series Argentina

Este es el mecanismo que debe funcionar óptimamente para que los freestylers puedan velozmente saber qué decir en un enfrentamiento. Si esta asociación mencionada anteriormente genera el acceso a ideas remotas, como explicaba Vigo, la habilidad y rendimiento en batalla de un competidor estaría directamente asociada y dependería de su nivel de vocabulario en cuanto a la cantidad de palabras conocidas por él.

Tesla, freestyler de Mar del Plata, dijo que todos los días se aprenden nuevas palabras que dan paso a nuevas conexiones que permiten crear significados distintos. Agregó que:

cuando un freestyler se propone mejorar, su cabeza empieza a hacer conexiones que lo llevan a pensamientos muy diferentes a los de una persona promedio. La base del freestyle es aprender y practicar, y el mayor enemigo de un competidor es él mismo al ponerse muros mentales. Siempre se puede mejorar”.

Aprender nuevos significados hace que la tarea se facilite porque la herramienta principal del rap es el vocabulario. Por eso los mejores gallos son los que más palabras dominan, conociendo sus significados y aplicándolas cuando resulta oportuno.

Por otro lado, Vigo habló sobre el entorno y la relación entre él y la improvisación. Refirió a los estudios de la neuropsicóloga Darya Zabelina y colegas de Northwestern University, quienes hallaron la primera evidencia fisiológica de una relación entre el pensamiento creativo y las distracciones sensoriales que permiten el paso de información “irrelevante”. Sentenciaron que, en los procesos creativos, las personas podrían tener una mayor atención a estímulos simultáneos, lo que va de la mano de una capacidad reducida para filtrar o inhibir el paso de estímulos innecesarios a la atención consciente, pero que podría promover la creatividad al aumentar las posibilidades de integrar ideas que están fuera del centro de atención.

Así es como los gallos de batalla del freestyle son afectados enormemente por el ambiente que los rodea durante sus improvisaciones. Este puede ser crucial para el desarrollo y rendimiento del competidor en un enfrentamiento, tanto por lo emocional que genera en el individuo, como para la fluidez de sus rimas.

De igual manera, en una batalla de freestyle no solo importa ese presente en el cual se está situado, sino que también hay que otorgarle el valor que se merecen a las experiencias del pasado. Vigo usó las palabras de un libro de 2008 de los médicos Limb y Braun, quienes sostenían que los hechos pasados eran capaces de brindar información correcta acerca de ideas, creencias o expectativas. No obstante, todavía pueden limitar nuestra capacidad para pensar de forma flexible. Imaginar, divagar o pensar alternativas a las situaciones cotidianas en un estado calmado activa la importante red neuronal por defecto que posibilita una atención no centrada necesaria para la aparición de ideas creativas desactivando la red ejecutiva.

Profundizando en esto, en 2018 la Red Bull Batalla de los Gallos (una de las competencias más populares y grandes a nivel internacional) en conjunto con el INCIMOV (Instituto de Neurociencias y Ciencias del Movimiento) realizaron un estudio sobre qué sucedía en un cerebro al freestylear. Para averiguar cómo el cerebro gestiona los procesos creativos, se sometió a Mauricio Hernández, Aczino -uno de los mejores freestylers de habla hispana que obtuvo el título mundial en 2017- a diferentes pruebas.

Primero, fueron seleccionados una serie de objetos para que hiciera freestyle sobre ellos, a la vez que le realizaban una lectura cerebral. El resultado reflejó que, en un estado neutral, el cerebro de Aczino concentra gran parte de la actividad en la red neuronal dedicada al control, pero en la improvisación la actividad de la red dedicada a la imaginación resulta disparada. Es la forma en la que estas dos redes interactúan lo que define considerablemente los procesos de improvisación.

Alfonso Gil Martínez, profesor de la CSEU La Salle y Fisioterapeuta e Investigador en el Hospital La Paz, contó que “para que esa improvisación sea efectiva y eficaz es necesario que algunas zonas del cerebro tiendan a inhibirse”. Es decir que, para que pueda comenzar a fluir, el freestyler debe apagar el botón de la crítica interna y relajar al yo controlador. De esta forma, ya no se censura y fluye.

Aczino describió al freestyle como “el aquí y ahora, estar conectado con todo tu entorno, estar en comunidad y armonía con el universo. Es confiar en tu voz, confiar en tu lengua, confiar en tu mente y dejarte ir”. La improvisación es un proceso por el cual dejamos que las herramientas de la imaginación tomen el control. Y así, damos paso también a lo emocional, alejándonos por un rato de lo consciente.

Autor

Julia Sartora

Estudiante de Licenciatura en Comunicación Social

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