Flavia Calise: la sensibilidad como arma eterna

«No es lindo, es íntimo», nos dice mientras regala voces a destiempo e imágenes de vidrios rotos; todo estallado en el suelo. Flavia Calise, poeta y performer, es lo que nos trae: una forma del poema que está rota. Y su nuevo libro no es la excepción. No solo porque nace de reversionar otros tres poemarios, que el tiempo y los cambios de estilo se han encargado de distanciar, sino por la necesidad humana de entrar en crisis para seguir existiendo.

La poesía está en todos lados. Desde la lista del supermercado, hasta en el vecino que busca a su perro en los postes del barrio. Ni hablar de los pasacalles de la ciudad. Pero la forma, ¿es siempre la misma? Pensar en poesía nos remonta a un libro de hojas amarillas, estructuras casi lineales de versos parejos y acomodados como mazos a estrenar. Nos hace creer que hay una vara que duerme en los clásicos del siglo XX y no salir de ese lugar es la sentencia de les autores de la contemporaneidad. El verdadero desafío es desapegarse de la forma establecida, la que nos vendieron y la que compramos cuando conocimos el género, porque la poesía es mucho más que el estilo que podamos conocer, y el verdadero talento está en la aceptación de une misme bajo una nueva forma, dibujada o de pausa performática.

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Revelado | Flavia Calise

«El termino realización nos trae más problemas como poetas, personas, pensadores o pensadoras, que soluciones. No estoy de acuerdo con esa palabra en términos generales. No creo que que haya una realización de nada, como persona o como poeta. Sí se puede estar más o menos cómoda, más o menos bien en concepto a la realización, pero no creo que la haya. Muchas veces con buscar el equilibrio o la estabilidad, estabilidad en parámetros de salud, ya es un montón.»

«Si tuviera que pensar en un autor favorito, se me viene a la cabeza Nestor Perlongher», cuenta la poeta, y agrega: «no por su manera de escribir, sino por su manera de leer e interpretar metáforas; por sus pausas y por las temáticas que aborda«. Y, efectivamente, Nestor Perlongher, además de poeta y escritor, fue un encarnecido militante por la diversidad y los derechos humanos. Un provocador, una respuesta al machismo reinante, que a pesar de estar radicado en Brasil, fundó y se consagró como referente principal del Frente de Liberación Homosexual en Argentina, una de las primeras organizaciones LGBT del mundo; temáticas que a Flavia tampoco le escapan, sino que la llevan a actuar como un vehículo para otras voces.

«Mi comienzo en la performance fue porque, en algún punto, después de escribir durante mucho tiempo me cansé de la escritura y tuve la necesidad de cambiarme al cuerpo. Me empecé a mover, empecé a pensar el cuerpo en relación al texto y a corporizar lo que estaba diciendo o leyendo.

También surge con el gobierno macrista, hay un paralelismo interesante en lo que tiene que ver con la tristeza en relación a no sentirme representada con el estado y estar en contra de varias ideas liberales que se proponían desde ahí.  Era algo que me tocaba profundamente y tenía ganas de dejar de decir, y también pasarlo por otro lado.»

Jugar con el vanguardismo, con la forma y con la voz. La performance le da el cuerpo lo necesario para desordenarlo todo. Flavia también participó en la curaduría de numerosos ciclos literarios y, actualmente, se dedica a la lectura en vivo, a la creación de personajes performáticos que dialogan a través del lenguaje poético, y a la coordinación de “Es importante besarse bailando de vez en cuando” (@esimportantebesarse), un taller de poesía y corrección de obra.

«El taller de poesía y performance es un taller que doy hace aproximadamente dos años y, en relación a la posibilidad de une poeta y la obra, un escritor y su obra, para no sectorizar, hay algo muy real que es la crisis editorial», comenta, y agrega: «como hay una crisis en el país, súper amplia, el mundo editorial no le escapa. Venimos de un gobierno macrista donde la cultura pasó a estar en un lugar donde no era importante, no se planteó nada, se estancaron muchas editoras desde ahí» .

La poesía, ¿es la puerta o la llave?

«No tengo ni idea sobre qué es la poesía. Me parece solamente una manera de decir, que en mi caso fue inevitable. No pude comunicarme de otra manera. Creo que la poesía se trabaja, que el texto se va creando. Primero hay un comienzo donde hay una imagen, en mi caso, que al principio puede llegar a ser una imagen súper específica, algo que vi en la calle, o escuché; una película u otra lectura previa. Pero, después de eso, creo que la imagen se trabaja y que hay una búsqueda que tiene que comenzar a hacerse, que tiene que estar pensada, que no es puramente a partir de lo inspiracional».

Hoy, en una era digital, Instagram es nuestro e-book más confiable. La poeta, desde sus redes, se encarga de postear retazos de su selección más fiable de autores. Podemos decir que leer es la herramienta fundamental para escribir, algo que ella cree y predica en sus talleres. Es así como lleva la cultura poética nacional e internacional a cada alumne o seguidore. Y, sin quererlo y sin prejuicio, nos pone a leer poesía en una era contemporánea y tecnológica donde cedemos todo a la inmediatez. Encones, desde un mismo espacio, nos encontramos con la necesidad de adquirir la obra nacida en fragmentos de píxeles; hojas marcadas con tinta, círculos de mina o labial.

«En relación al 2012 y hasta ahora creo que hubo una visibilidad súper importante para la poesía. En literatura en general, medios de comunicación, lo audiovisual; ser compartida y leída por personas y personajes importantes de la cultura. Creo que es verdad, que se le dio un espacio que antes no se le daba, y que hace rato se merecía. Todavía hay cosas por hacer, por supuesto, pero sí creo que hay un avance claramente importante.

También creo que, en algún punto, hay más posibilidades. Hay convocatorias, hay redes transfeministas de escritura. Hay un montón de cosas que, por suerte, fueron avanzando y entre nosotres nos fuimos dando una mano y ayudando. Todavía hay cosas por hacer y hay que estar atentes a eso».

Ahora bien, si la poesía es el idioma total, ¿cuál es su bien para el mundo?

«La poesía le permite a determinadas personas que en el cotidiano no se animan a habitar ciertos sentimientos, percepciones o sensaciones, poder decir desde un lugar no tan literal. Y, lo más importante, permitirse explorar algunas sensaciones con total naturalidad y quizás mayor liviandad. Por otro lado, creo que la poesía es también lo que acaricia un poco al mundo, porque es un lugar al que podemos volver y recurrir cuando todo parece que lo demás se deshilacha«.

Quien tiene como trabajo y como pasión la escritura sabe que, detrás de las palabras, el verdadero oficio es despertar un sentimiento. Es así como en su obra Flavia nos abre su corazón, las puertas de una casa que desconocíamos, para luego notar que compartimos más deseo del que esperábamos.

«No sé si hay un lugar donde la poesía no esté. En los únicos lugares donde no veo poesía es en la tristeza profunda, en la muerte, en la desolación, en la falta de salud mental, en la falta de plata, en la falta de apetito. En el momento es difícil ver a la poesía ahí. Personalmente me pasa que, en esos momentos, no veo las cosas poéticamente, lo veo después y con perspectiva. Por ende, no deja de haber poesía ahí. Quizás, y en los mejores casos, después puedo escribir sobre eso. Me interesa decir que no se puede escribir sobre todo, no hay que escribir sobre todo, y no hay que forzar ese poema. Hay cosas que no tienen palabras y siempre suceden. No hay que escribir sobre todo porque nos puede costar, o dañar, o lastimar.

Hay que cuidarse también de la poesía«.

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Sobre la autora:

@FlaviaCalise (1992, Buenos Aires) es poeta, performer y gestora cultural. Publicó más de diez libros y poemarios: Diario en carmesí (Letra viva, 2012); Las canciones que les gustan a los muertos (Dunken, 2015); El incendio que hicimos en tu casa (Textos intrusos, 2018); Beso las flores antes de tirarlas (Concreto Editorial, 2018); ¿Qué es la ternura? (Concreto Editorial, 2019); la antología Esta noche tampoco voy a verte, con un pie en argentina y otro en Berlin (Fantasma Edita e Infraleve, 2020); y El libro de los peores sentimientos (Acordeón Editorial, 2021).

Participó en la curaduría de numerosos ciclos literarios y actualmente se dedica a la lectura en vivo, a la creación de personajes performáticos que dialogan a través del lenguaje poético y a la coordinación de “Es importante besarse bailando de vez en cuando” (@esimportantebesarse), un taller de poesía y performance.

Foto: Flavia Paredes

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