´El lado áspero de la ternura´, de Morena Ponce

Título: El lado áspero de la ternura

Autora: Morena Ponce

Editorial: Peces de ciudad

Páginas: 54

Género: Poesía

El oxímoron ha sido, históricamente, una de las figuras retóricas más utilizadas y explotadas en la poesía. Dos términos opuestos que trascienden su significado original y obligan a ir más allá de su aparente contradicción, generando un tercer concepto con nueva significancia. Si nos atenemos a lo literal, un oxímoron puede leerse como absurdo. Sin embargo, esa apariencia de sinsentido esconde un sinfín de secretos y significados de la(s) realidad(es) que nos rodea(n). ¿Es, entonces, el oxímoron una simple paradoja? ¿O acaso se acerca a la esencia de la propia vida, aquella que busca trascender las antinomias, bajo el disfraz del absurdo retórico dentro del poema?

El lado áspero de la ternura, primer poemario de Morena Ponce (@pibitadelsur) publicado bajo un sello editorial, como lo es Peces de ciudad, nos enfrenta desde su título a ese complemento de significados contradictorios que parecería asemejarse a la existencia misma, a nuestro día a día. Más aún si nos adentramos en el mundo de las pasiones humanas donde convergen el cariño dulce y entrañable propio de la ternura, y la carencia de lo apacible, doloroso y desagradable para los sentidos, típico de toda experiencia amorosa. Casi como enfrentarse a una superficie que atrae, pero que, al entrar en contacto con ella, notamos que es tan rugosa y áspera que lastima.

Así, cada uno de los treinta poemas que conforman el libro se nos presentan como bitácora del encuentro de la autora patagónica -tal y como lo indica su seudónimo- con la gran ciudad, que suele ser tan contenedora como desoladora. Por sus páginas transitan múltiples sentimientos que encuentran en el decir un camino de sanación. 

La corriente se aleja / y se lleva la escama / de una piel que hoy / me es ajena.” 

Encuentros y despedidas que devienen lenguaje. Amor, miedo, felicidad y tristeza vueltos trinchera poética. Literatura que, incluso, se torna por momentos metadiscursiva, apelando al proceso de creación de los poemas que tenemos frente a nosotrxs. 

“Vos sabés / que nunca serás / papel en blanco / en mis cuadernos / después de tocarme / de esta manera.”

Es que la palabra trasciende la voz y la garganta, inundando todo el cuerpo. Anida en cada hueco, en cada recoveco por el que transita la sangre, anestesiando un poco el dolor, difuminando otro poco el recuerdo, delineando los trazos de las ausencias, reparando lo que ha sido azotado por el temporal interno alguna vez. Las fragilidades se nombran y a las montañas rusas, nos subimos acompañadxs. Todos los pies caminan juntos por cada una de las hojas, que se vuelven sendero para andar y desandar. La poesía se corporiza al punto tal de preguntarse a sí misma: ¿En qué parte del cuerpo arde el poema?

Un aromo que da sombra al patio, que protege de los rayos del sol, que parece que va a morir, pero que finalmente reverdece y encuentra cómo florecer para volverse lugar de amparo y refugio. Así es la poesía de Morena, que convierte el barro caótico en hogar. Un hogar donde siempre se encuentran abrazos para transitar ese lado áspero de la ternura que todxs nos enfrentamos durante nuestro crecimiento. En fin, un hogar al que todx lectorx siente ganas de volver, siempre. 

“La palabra nos crea.

La poesía nos junta.”

Autor

Vanina Gerez

Estudiante del Profesorado en Letras. Escritora.

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