‘El cuento de la criada’, de Margaret Atwood

Título: The Handmaid´s Tale (El cuento de la criada)

Autora: Margaret Atwood

Editorial: Sudamericana

Páginas: 285

Género: Novela – Ciencia Ficción

 

La palabra cuento suele remitirnos, habitualmente, a una narración breve y ficticia en la que se presenta cierta trama conflictiva, y que culmina con un desenlace impactante para el lector. Sin embargo, The Handmaid´s Tale está lejos de ser un simple cuento partiendo de tal definición. En principio, por su longitud, propia del género narrativo al que realmente pertenece: novela. También por su condición discutible de ficción en tanto sucesivos aspectos del relato se circunscriben a nuestro presente y/o a un futuro distópico que no parecería estar tan alejado de la actualidad. Y, en último término, porque la tensión propia de los finales de los cuentos puede sentirse en cada uno de los capítulos que conforman la obra de Atwood que, una vez comenzada su lectura, no puede dejar de leerse.

El cuento de la criada está narrado por Defred, una de las criadas que vive sometida al totalitarismo que caracteriza a la República de Gilead, y que ha perdido incluso su nombre original al ser denominada como propiedad del comandante al que sirve (De-Fred), al igual que cada una de las mujeres que cumplen la misma función que ella: ser incubadoras humanas. Esto se debe a que la sociedad de Gilead es puritana y patriarcal, por lo que las mujeres no solo tienen asignados roles estrictos que cumplir, siempre al servicio del hombre, sino que estos se basan en la religión y, específicamente, en lo que la Biblia define como tarea primordial de toda mujer: la procreación de la raza humana.

A partir de este hecho, la vida de las criadas se circunscribe a ese destino indiscutible. Son recluidas en centros que las preparan para su función reproductiva, borrando todo rastro de conciencia individual, con el objetivo de que no cuestionen el estilo de vida que tendrán una vez dentro del círculo de los comandantes. Quizás en este punto radica la mayor tensión de la obra de la canadiense, Margaret Atwood, ya que es condición fundamental de las criadas ser fértiles y sumisas dado que son utilizadas para proporcionar un hijo al comandante al que sirven. Asimismo, será la esposa de este quien cumpla el rol de madre, haciendo desaparecer de la vida del bebé a la criada que ha hecho posible su nacimiento, sea cual seal el deseo de cada una de dichas mujeres. Este será uno de los conflictos que atormente a la protagonista y narradora del relato ya que, constantemente, sus pensamientos oscilan entre un pasado en el que ha sido feliz gracias al amor y la maternidad, un presente en el que es sometida a los designios del comandante y los distintos dispositivos de control y adoctrinamiento, y un futuro incierto lleno de temores y falta de certezas.

La simultaneidad de tiempos a los que hace referencia la protagonista es uno de los aspectos más interesantes de esta novela. En principio porque desde su presente, que se ubica cerca del año 2100, hace referencia a una sociedad pasada que no resulta ser otra que la nuestra, y analiza determinados aspectos relacionados con la política, la sexualidad y la cultura que generan escalofríos en cualquier lector; sobre todo teniendo en cuenta que muchas de las prácticas del presente de la narradora no difieren mucho de nuestra actualidad e, incluso, parecerían ser claros antecedentes o primeros pasos hacia una República como la de Gilead. En este sentido, la distopía está muy bien lograda porque refleja un estado social al que, claramente, ningún lector aspiraría a llegar, aunque parezca sumamente posible vivir en él en un corto lapso de tiempo.

Sucesivas imágenes quedan grabadas en la mente del lector una vez culminada la novela: los aguijones eléctricos que se utilizan para domar y castigar a ese “ganado de mujeres”; el paseo de las criadas alrededor del campo de fútbol, como si fueran perros, y los atuendos que debían usar para diferenciarse del resto de la sociedad; el muro que exhibe los cuerpos colgados de personas que han sido fusiladas por ser acusadas de cometer determinados delitos, como es el caso de los médicos que realizaron abortos (estos no podían permitirse en una sociedad que creía que concebir era un milagro divino); las escenas de violación en las que las esposas  de los comandantes, lejos de solidarizarse con las criadas, funcionan como cómplices de sus maridos; la naturalización de esa vida que se considera normal gracias al adoctrinamiento del cuerpo y la mente.

El cuento de la criada se construye como una historia de vida individual, que aplica a cada una de las mujeres que cumplen la misma función que Defred en esa sociedad del año dos mil cien. Sin embargo, pese a ser una ficción distópica, resulta imposible realizar una lectura de esta novela sin tener sensaciones de temor y tristeza con respecto a un estado futuro basado en la procreación y el sometimiento humano. Se nos presenta así una sociedad en la que los hombres dicen proteger a las mujeres, mientras abusan de todos sus derechos humanos con el único fin de aumentar su poder y obtener descendencia, pero también un orden social que naturaliza la sumisión al hombre y no se permite cuestionarlo, borrando así, hasta en las propias mujeres, todo rastro de sororidad con tal de no ser catalogadas bajo el título de “no mujeres” e irse al infierno por ello; como si el estilo de vida de Gilead no fuera ya suficientemente infernal.

Autor

Vanina Gerez

Estudiante del Profesorado en Letras. Escritora.

1 comentario en «‘El cuento de la criada’, de Margaret Atwood»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *