Baldío de la tregua: territorio poético sentipensante

Una imagen tan poética como desoladora -¿cuándo no unidas la poesía y la desolación?- emergiendo entre la oscuridad de las solapas. Emociones territorializadas allí donde nada parece cultivarse ni ofrecer frutos. Y la suspensión temporal que acompaña, en el intersticio de tantas batallas, a cada sujeto que se adentra en esa tregua baldía y cautivante con forma de libro. 

Parafraseando a Octavio Paz, el título estaba en mí y yo en él hasta que nos reconocimos”, nos comenta su creador, a quien parece no bastarle con la potencia del nombre, y tiene la necesidad de sumar otras dos puertas de entrada, en forma de epígrafes, que nos conectan con la soledad, con el ocultarse, con la salvación, con el espejismo. Una multiplicidad de sentidos activada que invitan al yo lectorx a despojarse de normas, bucear en lo desconocido, y también en lo rutinario, para hallar en los suburbios un sinfín de preguntas retóricas que nunca dejarán de incitar al cuestionamiento existencial.

Baldío de la tregua es el primer libro de Alat Saile -seudónimo que invierte el verdadero nombre de su autor, Elías Atala- escritor argentino, coordinador de eventos poéticos y productor de material audiovisual que articula música y literatura. 

“Empecé a escribir de chico, me gustaban los poemas que había en los manuales del colegio, me mantuve escribiendo esporádicamente durante mi adolescencia y ya de adulto retomé la escritura, a la cual nunca le había dado un marco de seriedad, hasta que me integré al grupo de escritura “Macedonio Fernández”, coordinado por Roxana Palacios, y ahí empecé a explorar diferentes autores y a trabajar más profundamente con las formas. También, a principios del 2020, empecé a coordinar un ciclo en Casa Scherpa, del cual solo se hizo una edición presencial y luego pasó a llamarse Quarantine Proof en formato virtual, que se emitió vía instagram durante todo el año pasado cada quince días”, nos comenta Alat, a modo de carta de presentación.

Y agrega, sobre su último trabajo: “Lo realizamos en varias etapas con Roxana en las clínicas de obra. En un principio fuimos concatenando los poemas para que generaran un recorrido y una coherencia. Cada poema se sustenta en el anterior y abre camino al que le sigue. Leímos varias veces el libro ya compilado para ir modificándolo; a medida que cambiábamos los textos de lugar, volvíamos a releer el volumen completo para poder corregir. Es muy importante que el libro se sostenga a través de la lectura y que sea ágil, de otro modo convoca al lector a cerrarlo. La musicalidad a veces surge de forma inherente, y otras veces hay que buscarla, siempre y cuando el texto lo pida. Es algo que trabajamos en la cocina de los textos a la hora de la deconstrucción de cada uno. Creo que el ritmo y la imagen son los pilares fundamentales de la poesía y por eso hay que estar atento, ver si se asoma esa musicalidad, cosa que si aparece, la podamos ver y la podamos enriquecer, ayudarla a salir”.

Publicado en plena pandemia por Ediciones del Dock, Baldío de la tregua, primogénito literario de Elías, reúne poemas de las más diversas temáticas, todos ellos unidos por la ambivalencia entre lo onírico y lo real, lo imaginario y lo fáctico, lo recordado y lo anhelado, con el elemento en común del tono sublime, empático y conmovedor de su poesía, que atraviesa todos los ámbitos de su vida:

“Actualmente trato de mantener un diálogo con la poesía, trato de interactuar leyendo, escribiendo, y yendo a taller por lo menos una vez por semana, a veces más. Mi relación con la poesía pasa por muchos lados, la lectura por ejemplo me parece el gatillo esencial. A partir de ahí, a medida que empecé a desenrollar el ovillo, apareció la escritura, la cual me ayudó a abordar la lectura desde otra perspectiva y a amigarme con la relectura que creo que es una espiga de oro. Hoy en día también estoy yendo a clases de piano y todo a causa de la poesía, porque me parece buena idea musicalizar poemas con un instrumento, entonces ahí es cuando veo a la poesía como una esfera, algo tridimensional que contiene todo”. 

Dividido en cuatro partes, cada cual con su propia particularidad, pero unidas en un todo indisoluble, este poemario nos invita constantemente a columpiarnos en hilos de palabras, a revisitar postales perdidas, a pintar con corcheas las escenas cotidianas, a enfrentarnos con esos sentipensares que nos salpican los ojos, y transformar en metáfora cada pelusa arraigada con dientes y uñas a los suéters. 

PH: Camila Soto

Una invitación a sumergirnos en el frío de la ausencia, abrigadxs por el calor de los versos, digiriendo despacio las ideas que se gestan entre la falta de revoque y las filtraciones de miedo y humedad que desbordan las entrañas, acurrucadxs entre cobijas de cuchillos filosos y puntiagudos que danzan entre los juegos con el lenguaje. Porque, como comenta el autor:

“<La literatura, como cualquier forma de arte, es la confesión de que la vida no basta> . Creo fervientemente en las palabras de Fernando Pessoa y me aferro a eso, el ser humano tiene una tendencia al arte a pesar de que siempre fue menospreciado en la vida cotidiana. Por suerte, de a poco, veo cada vez más gente volcándose a actividades relacionadas con el arte. También creo que es una forma de relacionarse con la realidad y por lo menos a mí me sucede que viene desde la insatisfacción la poesía, desde la incompletitud. Ojo, no digo que hay que estar triste para crear, sino que ese pequeño vacío nos empuja a la búsqueda, cosa que me parece algo excelente, y funciona en muchos niveles. Joaquin Giannuzzi escribió un poema que se llama “Basuras al amanecer” donde habla de la basura y eso es lo que me lleva a pensar que la poesía reposa en todos lados. Después cada uno va y agarra como puede, a veces de una forma más abstracta y surrealista, y otras más del palo objetivista, todo encierra así algo de poesía adentro. Otros recogen esa poesía desde la música o la pintura y cosas así. A veces siento que no solo ayuda a la realidad sino que la poesía misma es la realidad, está impresa en todos lados como la espiral de fibonacci”.

Y Baldío de la tregua es exactamente eso, un huracán que vuelve remolino las sensaciones, la metamorfosis de lo autobiográfico en poético, el enfrentarse por primera vez a las cosas, con todos los miedos y las expectativas que eso conlleva, como quien se aventura en un terreno baldío sin saber qué habrá más allá de la línea que marca el inicio de la oscuridad, de las sombras, de lo desconocido. Y aún así, con esa falta de certezas, se anima a vivenciarlo, escribirlo, exorcizarlo.

Como afirma Roxana Palacios en el texto introductorio, estamos frente a un libro donde lo ya escrito se reescribe con cada nueva lectura, ante palabras que intentan poner un orden al colapso, volviendo barro las páginas para cubrir las heridas de los vidrios rotos sobre las pupilas, desintegrando las convenciones, revisando los bolsillos en los que aflora la hierba, para podarla y poder florecer. 

Todo en manos de un escritor que no se queda de brazos cruzados y sigue soñando en grande: “actualmente estoy escribiendo otro libro de poemas, seguramente se sabrá algo para dentro de un par de años (tengo planeado dejarlo añejar algún tiempo) y por otro lado estoy formándome para poder coordinar talleres de poesía. También empecé clases de piano, mi idea es poder musicalizar algunos poemas y mezclar lecturas con música cuando me invitan a leer a diferentes espacios”.

Una invitación a un baile de insomnio poético con sentipensares musicalizando el territorio verbal. Alcohol y tabaco residiendo en la lengua de la escritura. Todo lo que fuimos, somos y seremos devenido poesía. Y el grito emanando de la garganta, rogándole tregua a las palabras baldías.

Autor

Vanina Gerez

Estudiante del Profesorado en Letras. Escritora.

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