Ana Frank: convicciones que trascienden y se resignifican

Encierro obligado. Soledad compartida. El anhelo de recuperar, algún día, la libertad. Y la esperanza de un cambio que, aún hoy -entre polémicos dichos de distintas personalidades públicas que no hacen más que representar el pensamiento de una parte mayoritaria de la sociedad-, sigue siendo una deuda histórica. En esa atmósfera, la familia Frank pasó sus últimos dos años con vida escapando del exterminio judío en manos del nazismo.

Un 12 de junio de 1929, en Fráncfort del Meno (Hesse, Alemania) nacía la segunda hija de Otto Frank y Edith Hollander. Y también un 12 de junio, pero de 1942, como regalo por su cumpleaños número trece, Kitty -como la pequeña llamaría a su confidente escriturario- llegaba a la casa de la familia para convertirse en un compañero letal de la asfixia a la que tuvieron que enfrentarse desde la clandestinidad de su refugio obligado.

Al escribir me olvido de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace. Pero -he ahí la cuestión primordial-, ¿seré alguna vez capaz de escribir algo perdurable; podré algún día ser periodista o escritora?”, delineaba Ana en las páginas que, tras su muerte, su padre transformaría en testimonio histórico. Confesiones, descripciones y reflexiones en forma de carta a un destinatario imaginario como destino, casi final, de la menor de la familia Frank. Escribir para sentirse viva en medio de tanta sangre derramada, inmortalizando una vida arrebatada de golpe, como la última entrada de su diario, en la previa al descubrimiento del escondite y la masacre de la que solo se salvaría su padre, quien luego publicaría los escritos en forma de libro bajo el título de “La casa de atrás”. 

Así como su Diario trasciende la categoría de obra clásica, renovando y potenciando su significancia a través del tiempo, Ana Frank también es mucho más que una niña alemana con ascendencia judía que se dedicó a escribir un diario durante los casi treinta meses que vivió escondida en la parte trasera de la empresa de su padre. Su figura da cuenta, por un lado, de la realidad adversa a la que debieron enfrentarse un sinfín de judíos durante una de las épocas más oscuras de la historia a nivel mundial y, por otro, en relación directa con ello, deja en evidencia los niveles de crueldad y odio a los que puede llegar el ser humano, hundiendo a sus pares en la miseria y la muerte.

Adaptado innumerables veces al cine y al teatro, y tras la edición científica de 1986 -que compara los textos originales con las versiones modificadas- Eudeba y el Centro Ana Frank decidieron renovar la apuesta y seguir resignificando el Diario con una versión completa e integrada que articula la reescritura del original con textos en borrador que se corresponden con los últimos cuatro meses de vida de su autora, a setenta y cuatro años de su primera publicación. 

Esta versión apunta a reflejar el hecho de que Ana, luego de escuchar en una emisora radial que los textos de aquellos años tendrían valor de documento en el futuro, emprendió la reescritura de su propio diario en hojas sueltas, de manera más legible, eligiendo el léxico y sumando datos a los borradores, con la ilusión de que su testimonio se conociera y perdurara en el tiempo. De esta forma, entonces, se hace valer también la voluntad de la niña, que soñaba con ser leída para inmortalizar su historia.

Así, en conmemoración a su natalicio, los textos traducidos del original neerlandés por Diego Puls y supervisados por la Fundación Casa de Ana Frank no solo reviven y celebran aquella primera edición de 1947, sino que mantienen vigente este patrimonio de la humanidad -declarado por la UNESCO- considerado como documento clave del Holocausto, y que ya se encuentra disponible en Alemania, Austria y Suiza, a la espera de nuevas traducciones y distribuciones al resto del mundo.

“Me es absolutamente imposible construir todo basándome en la muerte, la miseria y la confusión, veo cómo poco a poco el mundo se transforma cada vez más en un desierto, oigo cada vez más fuerte el trueno que se acerca y que nos matará también a nosotros, comparto el dolor de millones de personas, y sin embargo, cuando miro el cielo, pienso que todo esto volverá a cambiar para bien, que también esta dureza terminará, que volverán la tranquilidad y la paz en el orden mundial. Mientras tanto tengo que mantener mis ideas a flote, ¡en los tiempos que se avecinan a lo mejor todavía se pueden realizar!”

Ana Frank y sus palabras, que siempre resuenan y se potencian en los distintos presentes.

Autor

Vanina Gerez

Estudiante del Profesorado en Letras. Escritora.

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